No es cierto que Jonás fuera un hombre de gran fe, no puede ni debe ser incluido en la galería de Hebreos 11, queda a deber en esta historia de una manera incomprensible, porque tenía todo para ser reconocido como una gran profeta.

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No es cierto que sus oraciones fueran tan llenas de peticiones poderosas y fuera contestadas por sí mismas. Y eso que era un instrumento útil, al parecer poderoso en la proclamación de su mensaje, convincente como pocos en la historia bíblica y en tiempos posteriores o incluso en la actualidad, que logró transformar a una sociedad por completo como un instrumento en las manos de Dios, como él lo hizo.

Desde luego se destaca en su libro, los diferentes diálogos que tuvo con Dios, pero no porque su oído estuviera muy afinado, sino porque Dios había decidido usarlo, así como era, dándole múltiples oportunidades para que se reivindicara y escribiera una historia diferente de su vida, pero nunca las aprovechó. Fue Dios en su misericordia y justicia quien libró a Nínive de juicio, pero no fue por sus oraciones o por su actitud piadosa.

De hecho los diálogos son ásperos. No hay palabras de amor a Dios, o de reconocimiento o sumisión o entrega, por el contrario son quejas son reclamos, molestias. ¿Se habrá agradado Dios de la vida de un hombre así? Consideremos algunos versículos al respecto.

Vino palabra de Jehová a Jonás

Así inicia el libro del mismo nombre. El Dios a quien servía, de quien se alejaba y rebelaba y que en su omnisciencia sabía cómo era, tenía interés en establecer comunicación con el profeta. ¡Qué Dios tan bueno es este! Porque a pesar de que su instrumento escogido no quería saber nada de él, ni de la misión que le había encargado que era ir a predicar a Nínive, lo busca, le habla, le da un trabajo, le dice cumple tu ministerio. ¿Eres profeta? Ve a Nínive. Qué interesante es descubrir, que Dios no aceptó la evasión del profeta. Contra su voluntad lo comisiona. Hasta este momento la comunicación no es tal, Dios

Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez

Jonás 2 versículo 1 , Esa oración no nace de un corazón espontáneo que busca una reconciliación con Dios, ahí no le quedó de otra porque se vio en apuros, pero no porque quisiera cumplir con la misión, quizá oró porque de alguna manera la muerte que con espíritu suicida habría pretendido encontrar desde que pidió lo arrojarán al mar embravecido, no le salió al paso; el pez no lo trituró, lo tragó entero. Lo que él no sabía es que su vida dependía de Dios. Al leer su oración, tampoco encontramos sujeción a Dios, o que pidiera perdón por su rebeldía. Por el contrario, exalta a Dios por oír su oración. Como si hubiera preferido no ser escuchado y mejor ser disuelto por los jugos gástricos del gran pez.

Vino palabra de Jehová por segunda vez a Jonás

Así inicia el capítulo 3, versículo 1. También Dios, cuando le habla es escueto, sólo le ordena ir a Nínive a llevar el mensaje que le iba a dar. No hay consuelo, no hay aliento a su profeta. Es como si le dijera entre líneas, vas porque vas, o bien a pesar de ti, se hará lo que he mandado. Eso era comunicación en un sentido, la orden de Dios y él ya no podía evadirse. Lo intentó pero el Dios todopoderoso lo alcanzó. Sus planes no los puede obstaculizar el hombre, toda la odisea que vivió y que están narrados en los capítulos 1 y 2, se las hubiera ahorrado si tan solo se hubiera limitado a obedecer, pero quiso hacer lo que le vino en gana. Solo que con Dios no se puede. Él hace lo que tiene que hacer, a pesar de la actitud del profeta. Y si hubiera prescindido de sus servicios, le hubiera rescindido su contrato como profeta.

Y oró a jehová que le quitara la vida Capítulo 4 versículo 2.

Ora para quejarse, si Dios tuviera servicios al cliente, este hubiera saturado al encargado. Lo que no contaba es que a quien le hablaba era a Dios. Una vez más se comprueba con el contenido de sus oraciones, que ni eran agradables a Dios, ni eran de un hombre lleno de fe. No podemos escoger estas oraciones como un modelo de oración ministerial. En este mismo capítulo Dios le habló dos veces más pero fue para aclarar las cosas al profeta, para ponerlo en su lugar, que simple y sencillamente era un instrumento y en las manos del Dios misericordioso a quien servimos.

Definitivamente el libro de Jonás exalta a Dios. Da la gloria a Dios. El centro de la historia no es Jonás y sus disputas con Dios, no es el gran pez, no es la oración de Jonás desde su vientre, no lo es el verdadero avivamiento que predicó en Nínive que convirtió a decenas de miles de personas, ni las múltiples quejas del profeta. Dios sea bendecido, porque este libro nos enseña de su misericordia por una ciudad, que se valió de Jonás. Porque se demuestra en el libro que cuando el Señor comisiona a alguien, sus designios deben de cumplirse. Porque podemos aprender en esta historia trágica que el hombre no debe contender con Dios. Porque su voluntad es perfecta y es lo mejor para nosotros.

¿Cuántos Jonás hay en nuestros tiempos?
Que Dios hace las cosas a pesar de ellos. Que hacen lo que les da la gana y no lo que Dios quiere que hagan. Porque a veces, como en aquel tiempo, él sigue salvando, transformando vidas, a pesar de algunos de sus siervos o siervas. Que en lugar de ser aptos son inútiles en lo que han sido llamados. No olvidemos que nuestra competencia es de Dios.

No seamos hallados ante los ojos de Dios que todo escudriñan, como Jonás, que estemos en el ministerio de una manera forzada y obligadamente cumplamos con lo que nos ha sido encargado. O que nuestras motivaciones para servirle sean las correctas. Pero sobre todo, afinemos nuestro oído para escuchar su voz, única y exclusivamente su dulce voz, guiándonos, dirigiéndonos. Dialoguemos con él, reconozcamos su voz. Que nuestro lema sea: habla Señor porque tu siervo escucha

fuente : Aviva 2013, edición 9

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